Material de orientación a padres

Niños que no saben perder

Los juegos, además de tener una función lúdica o de entretenimiento, nos ayudan a aprender y a madurar, a socializarnos, a desarrollar valores, a pensar; y también nos enseñan a reaccionar ante aquellas situaciones que no van como quisiéramos que fueran.

Cuando los niños aprenden a perder en un juego o en el deporte, su autoestima se protege y se refuerza; se fomenta la perseverancia y la capacidad de esfuerzo; saben manejar y gestionar situaciones asociadas a la frustración; aprenden a ser cooperativos y no tan competitivos, a jugar con deportividad, a centrarse en la actividad en sí misma en vez del éxito o fracaso.

El que sabe perder no ve la derrota como algo personal, como una falta de capacidades o de valía personal; lo ve como algo normal que ocurre en diversas situaciones y que puede cambiarse. Sin embargo, enojarse después de perder en un juego o competencia es algo normal, que nos sucede a todos. Llevar a la práctica la famosa frase de consolación “lo importante es participar” es un reto que requiere esfuerzo y voluntad por parte de cada uno. Para los niños es más difícil aún porque no cuentan con la madurez emocional necesaria para controlar sus sentimientos, están acostumbrados a ser centro de atención y a conseguir lo que quieren. Es natural entonces que manifiesten su intolerancia a la frustración por haber perdido con una expresión de malestar, desánimo o incluso, negándose a continuar jugando.

Pero cuando un padre dice “mi hijo no sabe perder”, generalmente está señalando que su hijo sufre de manera desmedida cuando pierde; llora excesivamente, grita, insulta; hace trampas para salirse con la suya y ganar a toda costa; cambia permanentemente las reglas del juego; se rehúsa a participar en un  partido o competición cuando sospecha que va a perder; abandona la actividad; le echa la culpa a lo demás  y/o descalifica el juego. Estas reacciones desmedidas se producen por no saber gestionar la frustración; desaprovechando la oportunidad de aprender de las propias derrotas y, en algunas ocasiones, perdiendo el afán de superación y deportividad.

Los niños que no saben reconducir esta conducta por ellos mismos, necesitarán que sus padres les guíen para poder dirigir la actitud hacia otros caminos más adaptativos. Pero muchas veces, esto suele ser parte del problema.

Así, nos encontrarnos con padres que intentan enseñarles a sus hijos que no siempre pueden ganar basándose en recomendaciones frente a la reacción inadecuada (“no pasa nada si pierdes”, “lo importante es participar/competir aunque no ganes”, “tienes que aprender a perder”), sin contemplar que enseñar a perder es un proceso que debe darse de forma gradual a lo largo de las diferentes etapas del crecimiento. Algunos, le dejan ganar siempre para evitar que el niño se frustre o porque temen pasar un mal momento. Otros, exageran la situación ganándoles siempre para que “se acostumbre”, impidiendo que experimenten tanto la derrota como la victoria.  Y no falta el adulto a quien le resulte difícil conservar la calma y se enoje, critique o se burle de esas reacciones, transmitiendo así que perder es algo vergonzoso.

En nuestro instructivo “COMO ENSEÑARLE A PERDER… Y NO MORIR EN EL INTENTO” los padres pueden contar con un soporte visual claro, sencillo y ameno acerca de cómo ayudar a sus hijos a aceptar la derrota y ser un ganador respetuoso; además de un modelo de registro parental.

Material para descargar

Registro parental – enseñar a perder
Enseñar a perder

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2020-08-20T17:23:09+00:00
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